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OPINIÓN

Ochobre - Los Gimnasios en la Grecia Clásica - OCHOBRE atletismo

Los Gimnasios en la Grecia Clásica

Fecha: 15/06/2017

Fuente: OCHOBRE

pequeña historia del deporte a través del tiempo  

 Gimnasios en la Greacia Clásica 

 Aunque la frase: “Mens sana in corpore sano” pertenece a una sátira de Juvenal, fueron los griegos y su civilización los que llevaron la salud corporal y mental a su última instancia. 

Se piensa, por los recientes descubrimientos, que fueron los cretenses los precursores de los gimnasios y las ancestrales prácticas deportivas, los entrenamientos necesarios para afrontar la “taurocatapsia”. Todo ello antes de la Gracia Clásica. 

Etimológicamente el vocablo gimnasio proviene del griego “gymnasion” y éste del griego común “gimnos” (γυμνός) que viene a significar desnudez y que a su vez está relacionada con “gymnazein”: hacer ejercicio físico, especialmente cuando se realizaba sin ropa. No obstante confluían en él otras varias actividades: baño público, escuela de adolescentes (pre-ciudadanos) y posteriormente escuela filosófica y de oratoria. 

En su momento fueron la “factoría” fundamental de su cultura. Estaban bajo la protección del dios Hermes y se mantenía la creencia de que el primero fue fundado por Hércules en Olimpia, siendo el cargo más importante el de “gimnasiarca” o “cosmetes” ocupado casi siempre por un ciudadano importante, que más bien por su riqueza hacía de mecenas, aunque posteriormente el cargo fue ocupado así mismo por algún antiguo alumno venido a más. 

Originariamente fueron construidos a las afueras de la ciudad, con amplios espacios para la práctica de los diversos ejercicios. Ya, cuando mencionamos el recinto y los juegos de Olimpia, hemos descrito sucintamente aquel gimnasio que se construyó en el siglo II a.C y tenía una longitud de unos doscientos veinte metros – poco más de un estadio – y una anchura de ciento veinte. Estaba rodeado de pórticos dóricos a la manera de las antiguas Stoas. Era destino del entrenamiento de los atletas, tanto si llovía como si hacía excesivo calor, y se utilizaba para los lanzamientos de disco, de jabalina y la carrera. 

Pero el gimnasio convencional (los había mejores y no tan buenos) no solo era un lugar de entrenamiento de “atletas” en el estricto sentido de corredores, también disponían de un “epistasion” o sala de vigilantes y entrenadores, “apodytérion” o vestuario, “loutrón” o sala para lavarse,  “konisterion”  y el “alipterion” donde se embadurnaban el cuerpo con polvos, aceites o esencias, “sphairisterion” donde se practicaba el juego de pelota y el pugilismo,  “korykeion”  para entrenarse con un pesado saco de arena, “pyraterion” para el baño con agua caliente y vapor, “propnigeion” sala para calentar el agua, “xustós” pista cubierta, pórticos bajo los cuales los atletas se ejercitaban en invierno, “paradromis” o pista descubierta y otras zonas, como la palestra propiamente dicha, en donde se ejercitaban en la lucha y el pugilato, grandes alamedas con terreno natural para las carreras, el gramateo o lugar en donde se conservaban los archivos atléticos o el efebo, adonde los jóvenes iban por la mañana para ejercitarse al abrigo de las miradas del público. 

No obstante los gimnasios tenían más de una misión. Tan importante como la deportiva era la educativa. Venían a ser centros de declamación y oratoria. Recordemos que cuando el ciudadano tenía que hablar en el Ágora o desde la “bemá” de la Pnix, se hacía a “capela”, no habían inventado los altavoces, y tenían que saber articular frases con coherencia y proyectar la voz a distancia y con murmullos de fondo. 

En los gimnasios emulaban verdaderos debates entre ciudadanos y alumnos, donde los maestros (del griego διδακτικός “didaktikós”) buscaban la confrontación como entrenamiento. No obstante también eran escuela de memorización y aprendizaje de numerosos poemas épicos, sobre todo homéricos. 

Platón – realmente Aristocles – así denominado por su formación atlética y anchura de hombros, en su diálogo Protágoras (Alianza ed. Clásicos de Grecia y Roma, 326 b, página 64) hace alusión a la excelencia de los gimnasios: 

               Luego, los envían aún al maestro de gimnasia, para que, con un cuerpo mejor, sirvan a un propósito que sea valioso y no se vean obligados, por su debilidad corporal, a desfallecer en las guerras y en las otras acciones. 

El mismo Platón, en La República (Editorial Espasa, Libro III, XVII), hace un extenso discurso, en forma de diálogo, de los beneficios del deporte cuando van acompañadas sus prácticas con otras artes impartidas en los gimnasios: música, gramática, matemáticas, etc. 

Uno de los gimnasios más famosos – aunque en la actualidad sin localizar – era el “Cinosargos” o “perro blanco/ágil”, al que creo recordar llegó Edipo, o al menos a él le llevó Sófocles en su tragedia “Edipo en Colono”, en el mundo de las musas. Estuvo localizado en la zona adyacente a la Colina de las Musas (Colina Pnix y Filopapo) o en su falda. Fue allí donde se encaramó el pueblo ateniense tras la batalla de Maratón cuando el persa dando la vuelta al Ática con sus barcos intentó fondear en la zona de Microlimanos. En aquella ocasión la muchedumbre sabedora del triunfo de sus falanges en la bahía de Maratón corrió a ponerse a la vista de los soldados de Artafernes y de alguna manera atemorizarle un poco más, como diciendo: si en la playa os dieron para el pelo poco más de mil, aquí con más de treinta mil acabaremos con vosotros. Y, efectivamente, Artafernes se dio la vuelta y tardaron diez años en volver. Realmente los ciudadanos tenían más fácil y accesible subir a la colina Pnix, donde hay incluso una plataforma pétrea más adecuada y más “a la vista” del puerto. 

 También adquirió fama el gimnasio adscrito al héroe mitológico Academo – posteriormente en su lugar se funda la Hekademeia de Platón – a las afueras de Atenas, como casi todos, que buscaban lugares boscosos y con abundante agua. En la actualidad Barrio de Votanikos. 

A título de curiosidad, Academo interviene en el mito en el que la espartana Helena (a la que todo quisque raptaba… por algo sería) fue arrebatada por Teseo. Los Dioscuros, hermanos de Helena, se dirigieron a Atenas para reclamar su devolución. Sin embargo, Teseo no se encontraba en Atenas y así se lo hicieron saber los atenienses. Disconformes con ello, los Dioscuros amenazaron con la guerra, y entonces intervino Academo para informarles de que estaba en Afidnas. 

Posteriormente se fundó el Liceo, con sus pórticos para los paseos de los peripatéticos de Aristóteles, actualmente cerca de Kolonaki, en la parte trasera del Museo del Ejército Griego, barrio de Zografou. 

Otro gimnasio, aunque no se habla de él como tal, es el de Poikilé, en la actualidad en fase de “sitio arqueológico en estudio”, entre Plaka y Monastiraki, al otro lado de las vías que circundan el Ágora. Pero tuvo que ser gimnasio ya que en la antigüedad allí arrancaba el primer estadio ateniense: “Licurgos” que a medida que la ciudad crecía se iba desplazando hacia el Pnix primero y posteriormente a la zona ocupada en la actualidad por el “Kalimármaro” o Panatinaikós. En este pórtico de columnas: Stoa Poikilé, nació la escuela filosófica de los estoicos a manos de Zenón de Citio y por allí se las gastaba el cínico por antonomasia: Diógenes de Sínope o “el Cínico”, del que se cuentan anécdotas para desarrollar y escribir un libro. 

En definitiva. Los gimnasios eran centros educadores en toda regla y lo que, en principio, fue destino exclusivo de la aristocracia y los hijos de los “eupátridas” con el tiempo pasó a ser común entre la pequeña burguesía y a partir del siglo V a.C. de uso común a todo tipo de “ciudadanos”. Arthur Rosenberg: Democracia y lucha de clases en la antigüedad. (Ed. El Viejo Topo, pág. 90 

El Gimnasio Cinosargo cuya etimología es “Kynos argos”, genitivo de kyon "perro" y argos "blanco, brillante o ágil", se hallaba situado a las afueras de Atenas, más allá de los muros, debe su nombre a una leyenda sobre un “perro” en quien no se ponen de acuerdo los autores clásicos. 
Mientras unos dicen que el ciudadano Dídimo sacrificaba un perro a los dioses, este fue raptado por un águila que lo dejó caer más tarde. Otros cuentan que fue el perro quien robo la ofrende del ciudadano y más tarde se puso a comérsela en sitio cercano. 
El caso es que Dídimo consulta al oráculo (debía ser oráculo local) quien le dice que donde el animal dejó la ofrenda – así no concretamos qué ni quién – debía erigir un templo a Heracles. Más tarde hubo allí un renombrado gimnasio (Heródoto) destinado a los hijos ilegítimos – nothoi – de los atenienses, que debían ser muchos. 
Para cerrar el legendario círculo, se cuenta sin mucha base, en este gimnasio impartieron sus enseñanzas los primeros filósofos que posteriormente se denominarían como cínicos: Antístenes (discípulo de Sócrates), Diógenes de Sínope – quien da verdaderamente el nombre de cínicos a estos filósofos – o Diógenes Laercio.

 

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